sábado, 28 de noviembre de 2009

Fantasía Real

Cada tarde lo veía, alto, moreno, con jeans gastados y aquella polera roja del instituto, lo observaba en cada receso de clases, cuando jugaba basketball, no decía nada, siempre sentada en un rincón, como escondida. Amanda era delgada, sin mucho atributo físico, con anteojos, cabello largo y oscuro, no se sentía ni bonita, ni atractiva, ella trabaja de voluntaria en la biblioteca, con sus 17 años ni siquiera había besado y él con 16 ya tenía la fama de casa nova, aunque su esperanza de dirigirle la palabra una sola vez era una pequeña alegría.
Aquella tarde habían llegado libros nuevos y Amanda decidió ayudar en la biblioteca, ya era tarde, se encontraba sola, todo estaba en un silencio profundo, hasta que una voz masculina rompió el ambiente.

- Hola, estoy buscando a Amanda

Ella se volteó y al ver que era aquel chico que la hacia suspirar, se sorprendió y botó unos libros, él se agachó para recogerlos, le sonrió y se los entregó, ella los tomó con timidez, no se atrevía a mirarlo.

- Gracias, tú eres Alejandro, cierto? lo sé ya que he oído hablar de ti
- Vaya, soy famoso, que gracioso - él reía - Tú eres Amanda?
- Sí, soy yo, ¿qué haces aquí? creo que es la primera vez que te veo en este lugar
- Bueno, admito que no soy un excelente estudiante y por ello debo hacer unos informes para terminar el año, por eso estoy aquí, el profesor me envió hablar contigo.
- Entonces acompañame

Se dirigieron a un pasillo, entraron a una salita rodeada de estantes llenos de libros, ella caminó hasta una esquina, se paró de puntillas para alcanzar un libro, él la miraba, observó sus piernas, sus muslos que se asomaban, con aquel movimiento a Amanda se le subió unos centímetros la falda, sacó un libro y se lo entregó a Alenjandro.

- Este es el libro, te ayudará en el informe de historia
- Gracias, eres linda - Amanda lo miró sorprendida
- ¿Qué dijiste?

Él se acercó, la miró fijamente a los ojos y la besó, ella se sintió aturdida, se alejó

- ¿Por qué haces esto?
- No sé... eres linda, inteligente, no haces un escandalo como las demás cuando juego basketball, inspiras un misterio cuando estas en aquel rincón obsevandome

Amanda no sabía que responder, estaba avergonzada por lo que él le decía. Alejandro se acercó y volvió a besarla, ella se asustó al sentir la punta de su lengua presionando la suya, su cuerpo temblaba, él la sostuvo firmemente y ella le permitió continuar. Él comenzó a desabrochar la blusa de Amanda, sus dedos tocaron su suave piel blanca y poco a poco se deslizaron por debajo de su sujetador hasta llegar a uno de sus pezones, ella sintió una oleada de excitación que le cortó la respiración, luego levantó el sujetador dejando sus pechos desnudos. La excitación era demasiada, sentían como su piel se quemaba, lo sentía tan cerca suyo, Alejandro la aprisionó contra la pared, besó su cuello, sus manos viajaron a traves de sus piernas, sus muslos, terminando por debajo de su falda, la acariciaba por encima de su ropa interior, Amanda emitió un quejido ahogado, él seguía acariciándola, sus pechos estaban duros por la pasión y el deseo, entonces él se desabrochó el pantalón, se acomodó entre sus piernas y la penetró, ella se sobresaltó, pero él la tomó con fuerza y la aplastó contra la pared, Alejandro sentía su sexo unido al de ella, Amanda ardí, no cesaba de jadear y gemir, estaba caliente y estrecha, comenzaba a mover las caderas, eso a él le agradaba, ella mordía sus labios para no gritar, él acercaba su boca a la mejilla de Amanda, ella corrió su rostro, él intentaba morder su oreja, pero se limitaba a decirle "Me encantas, eres tan suave", sus manos viajaban entre sus pechos y su espalda, ella lo abrazaba con fuerza, acariciaba el cuerpo de su fantasía real, ambos se perdían en aquel fuego que los consumía, la sentía suya, ella apretaba, el tan excitado explotó. Ambos se abrazaron, Amanda mordió el hombro de Alejandro, él la besaba en el cuello, se quedaron estáticos, las gotas de sudor corrían por sus cuerpos.
Él se alejó, y ella arregló su uniforme, temía decir algo, Alejandro tomó el libro que estaba en el suelo, en eso se escucharon unos ruidos, ambos salieron de aquella salita, se asomaron a uno de los pasillos y vieron a la profesora de la biblioteca.

- Amanda ¿aún aquí?
- Sí, estaba ayudando a Alejandro, necesitaba un libro
- Pero aquí lo tengo, y Amanda se ofreció a ayudarme en mi trabajo - tomó la mano de Amanda - Bien profe nos vamos adiós - ambos salían de la habitación
- Adiós Señorita Julia - se despedía Amanda desde la puerta.

En la salida del instituto, se despidieron sin decir nada de lo ocurrido, Amanda comenzó a caminar cuando Alejandro le habla.

- Amanda, recuerda, ahora eres mía.

Ella voltea y le sonríe, desde entonces cuando podían se reunían en aquella salita de la biblioteca, entre libros y letras se dejaban llevar por su pasión.